Ramón Frías

Cogito ergo...

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Lo nuevo

1 de agosto de 2009

7:05 p. m.

Apoyo examen final de Filosofía

Saludos jóvenes que se han dejado provocar por la filosofía, tanto de UCATECI, como los de la UNPHU. Les dejo con un material recopilado por las mellizas (¿o gemelas?) Rita Ariela y Rita Mariela, quienes nos comparten su apreciación sobre los elementos más importantes de los temas tratados más recientemente.

Racionalismo Cartesiano

Descartes es uno de los padres de la filosofía moderna y el principal valedor del racionalismo. Su aportación a esta etapa de la historia de la filosofía que conocemos bajo el nombre de modernidad (s. XVI-XVIII)
resulta relevante a un doble nivel:
Metodológico: la mayor preocupación filosófica cartesiana pasaba por elaborar un nuevo método del pensar. Un método que clarificara científica y racionalmente el saber filosófico. A este nuevo método, el cual recuperaba la ciencia matemática como modelo del saber racional, lo llamó “duda metódica”. El rendimiento de la duda metódica debía comprender los campos epistemológico y ontológico; así, epistemológicamente, la duda metódica nos permitiría agrandar el espacio del pensar a nivel ontológico, la duda tendría que servir para hallar las verdades fundamentales sobre las que asentar nuestro conocimiento; y la primera de esas verdades era la expresión existencial del cogito: “pienso, luego existo”, diría Descartes.

Metafísico: la aportación del método debe centrarse en la redefinición de los conceptos fundamentales de la metafísica (como los de sustancia, atributo, verdad, etc.) para asentar las verdades indudables a partir de las cuales construir el edificio del conocimiento humano. La primera de esas verdades, y con la cual Descartes hubo de cambiar el rumbo de la metafísica, había de ser la afirmación del “Cogito”. Así, Descartes hacía pasar el pensamiento metafísico del objetivismo medieval al subjetivismo moderno: lo importante, ahora, no es el conocimiento del objeto, sino su conocimiento a través del conocimiento del sujeto. Ahora bien, la filosofía cartesiana pone mucho cuidado en no caer en un subjetivismo propiciado por la exaltación de los sentidos o de la imaginación, sino que es una afirmación racional de la subjetividad. Es la confianza en la razón, una razón trazada matemáticamente, la que nos permite dar cuenta de la radicalidad del cogito: puedo dudar de todo, menos de que dudo; por tanto, si no puedo dudar de que dudo, no podré dudar de que estoy pensando y de que en dicho acto me constituyo como ser humano. Repetimos: pienso, luego existo. Por otro lado, la metafísica cartesiana es la expresión de una nueva teoría de las ideas y una nueva concepción general del universo dominada por el mecanicismo. Por tanto, podemos evaluar el racionalismo cartesiano teniendo en cuenta sus principales rasgos: la expresión de un nuevo método racional del pensar, la llamada duda metódica; la afirmación de la subjetividad (cogito) como primera verdad; una nueva teoría del concepto de idea en general y de la idea de substancia en particular; finalmente, el mecanicismo como paradigma o concepción general del orden y funcionamiento del universo.

Aspecto epistemológico: la duda metódica

El nuevo método cartesiano tiene como misión convertir a la filosofía en un camino racional hacia la verdad. Por supuesto, la razón era el mecanismo adecuado para lograr esta correspondencia, pero eso no suponía excluir a los sentidos de la tarea del conocimiento verdadero pues los sentidos nos ponen en contacto con la realidad, pero con la aparición de la filosofía moderna, cuyo padre es Descartes, el principio del conocimiento deja de ser el objeto y pasa a ser el sujeto y el lugar en el que quedan los sentidos como criterios de conocimiento es de clara inferioridad y desprestigio. Tanto es así que el método cartesiano comienza expresando su desconfianza hacia los sentidos como instrumentos válidos para conocer. De ahí que la expresión del método cartesiano sea la duda: en sus famosas Meditaciones Metafísicas, Descartes escribe que podemos dudar de todo aquello que conozcamos a través de los sentidos, en cambio, decía Descartes, no puedo dudar de aquello que consiga conocer racionalmente, porque esto lo habré hallado de acuerdo a un método estrictamente racional. Y eso de lo que no puedo dudar es de que dudo, es decir, no puedo dudar de mi propio pensamiento. Puedo dudar del contenido de lo pensado, pero no así del pensamiento mismo; por eso, puedo afirmar tajantemente que “pienso, luego existo”. Como se observa fácilmente, es el sujeto el principio de todo conocimiento racional, pues es el pensamiento como tal y no lo pensado el punto de partida. El método cartesiano, que desde este momento se llamará “duda metódica”, es el esfuerzo por ofrecer autonomía al entendimiento frente a los sentidos y la imaginación. Es tarea del entendimiento hallar las verdades evidentes y primeras que van a servir de base para la construcción del conocimiento humano. En efecto, la duda metódica cartesiana pretende erigirse en modo de hallar la certeza y, dentro de ella, la certeza absoluta: el sujeto pensante. Esta verdad indubitable, a la que llamamos cogito, será el primer principio de la filosofía. Debido a que la finalidad de la duda es conducirnos hasta las primeras y fundamentales verdades de nuestro conocimiento, no podemos confundir la duda cartesiana con el escepticismo: Descartes no desea dudar de todo, sino sólo de aquello que no se presente de manera evidente como verdadero a mi entendimiento. Descartes nunca había de dudar de la razón y de su capacidad para hallar la verdad.

Las consecuencias ontológicas del método cartesiano:
afirmación de la primera verdad: “pienso, luego existo”

Teniendo en cuenta que lo que persigue la duda metódica es afirmar el sujeto pensante o cogito como base sobre la que construir todo el conocimiento racional, podemos decir que la filosofía del método es, en realidad, una filosofía del sujeto, según la cual, el hombre existe como ser pensante, el mundo es conocido a partir de la evidencia del pensamiento: es el cogito, y no el mundo, la primera verdad. La llegada al cogito o pensamiento se efectúa por vía intuitiva: es la evidencia la que nos revela que el pensar, y más concretamente, que “yo pienso”, es una idea clara y distinta, es decir, una idea de la que no cabe dudar. Desde este punto de vista, el cogito no es tanto un resultado o punto de llegada como un punto de partida. Lo que quiere indicarnos Descartes es que la subjetividad, el “pienso, luego existo” es el comienzo de toda reflexión filosófica, porque es indubitable que yo existo pensando, que existo como pensamiento: no puedo dudar de mi existencia y de que ésta se desarrolla pensando. Por tanto, el “pienso, luego existo” es el esfuerzo cartesiano por construir toda la explicación de la realidad a partir de la única evidencia de mi propia existencia como ser pensante. Definitivamente, pues, la filosofía del método es una filosofía de la subjetividad.


EL EMPIRISMO.

El empirismo es una doctrina filosófica que se desarrollo en los siglos XVII y XVII contraponiéndose al racionalismo.
El empirismo considera a la experiencia como única fuente válida del conocimiento en el contacto de los sentidos con las cosas. Son los sentidos los que, al ponerse en contacto con las cosas capturan las formas con que las cosa impresionan, formas que juzgándola por el lado del objeto, son las de su existencia, por el lado del sujeto, las impresiones son el material que es transmitido hasta los centros superiores donde se convierten no solo en percepciones, sino en ideas generales o conceptos.
Tal fin intentan encontrar sus representantes: John Locke, quien pone como principio de todo conocimiento a la experiencia, además, que rechaza las ideas innatas y hace una comparación del espíritu como una tabula rasa, encontrando el origen del conocimiento en la sensación y la reflexión.




Las características principales del empirismo son:
1.El origen del conocimiento es la experiencia. La mente es una "Tabla rasa" que ha de ser rellenada de contenido empírico. Se niegan Por tanto las ideas innatas que defendía el racionalismo.
2. El conocimiento humano tiene un límite: la propia experiencia. Todo conocimiento que pretenda ir más allá de la experiencia es o meramente probable o dudoso.
3. Todo conocimiento es conocimiento de ideas. Se conocen las ideas, no las cosas. En esto coinciden con el racionalismo. En George Berkeley esta tesis conducirá a un idealismo radical (negación de la realidad material).
4. La razón es una razón crítica (examina sus límites y posibilidades) que queda invalidada para asuntos metafísicos, por lo que su tarea debe inclinarse a cuestiones prácticas (políticas, morales,...).
Los principales representantes del empirismo clásico son Locke, Berkeley y Hume.
John Locke (1632-1704). De gran actividad política, teórico del liberalismo político, sus teorías inspiran las revoluciones burguesas de su país, las teorías políticas de la Ilustración francesa y la Constitución de los Estados Unidos. Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, aunque con alguna influencia racionalista, es el fundador del empirismo. Pensaba que todo posible conocimiento deriva de la experiencia. De ella recibimos información que configúralas ideas simples (color, olor, figura, ...), y a partir de éstas elaboramos /ideas complejas (las distintas sustancias). A qué realidad extramental hagan referencia estas ideas derivadas, es de lo que no sabemos nada. Sus principales obras son Dos tratados sobre el gobierno civil, y Ensayo sobre el entendimiento humano.
George Berkeley (1685-1753). Obispo anglicano irlandés, cree resolver el problema de Locke de la siguiente manera: Conocemos ideas, creemos conocer las cosas, pero en realidad las cosas no son más que ideas: ser consiste en ser percibido. "Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o EL EMPIRISMO natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento". La causa de nuestras ideas no es una realidad extramental, sino directamente Dios.
David Hume (1711-1776)
Su vida transcurre fundamentalmente entre Inglaterra y Francia. Su primera obra filosófica será el Tratado sobre la naturaleza humana. Posteriormente reelaborará su contenido en sus dos escritos más importantes, Investigaciones sobre el entendimiento humano, donde expone su teoría del conocimiento, e Investigaciones sobre los principios de la moral, donde expone su filosofía práctica. La influencia de la filosofía de Hume será determinante en Kant así como en la filosofía analítica del siglo XX.
La teoría del conocimiento.
Hume pretende analizar las posibilidades y los límites del entendimiento humano. Concluirá que hay muchas materias (especialmente las metafísicas) que están fuera del alcance del conocimiento.
-En nuestro conocimiento poseemos dos tipos de elementos:
- Impresiones: percepciones sensibles, vivas e inmediatas.
- Ideas: reproducción de impresiones, débiles y mediatizadas por la memoria.
Ambas, a su vez, pueden ser simples y complejas (a la manera de Locke).
Como todo conocimiento procede de la experiencia, sólo será válido el conocimiento que tenga su origen en la experiencia sensible, esto es, aquél que proceda de impresiones. Por ello sólo podemos otorgar existencia a las cualidades, que son de las que tenemos impresiones simples, pero nunca a las sustancias. Las sustancias no son sino una colección de cualidades a las que damos nombres para acordarnos, pero no tienen ningún equivalente en la realidad, o al menos, no tenemos ninguna razón para suponerlo.
Hume afirma que no poseemos ninguna impresión de lo que sea el yo; es más, si la tuviésemos, sería invariable (ya que se supone que toda la vida somos el mismo yo), y no existe ninguna impresión que sea invariable. Si cogemos un supuesto yo y lo analizamos encontramos impresiones de objetos exteriores, sentimientos, etc. Si suprimimos todas esas impresiones, ¿qué queda? Nada.
La relación de ideas se basa en la demostración; la cuestión de hecho, para que vaya más allá de la mera impresión, se fundamenta en la causalidad. Negada el fundamento de ésta, no debemos negar todas las leyes científicas, pues nos son útiles. Sólo debemos ser conscientes de la limitación epistemológica de las cuestiones de hecho y de la perenne provisionalidad de las afirmaciones causales, solo sustentadas por la costumbre.


HEGEL
La filosofía de Hegel surge estrechamente vinculada con la situación social, cultural y filosófica de su tiempo, a la vez que es una respuesta racional a los problemas planteados por esa situación. La filosofía de Hegel supone una lucha por la falta de la libertad y de la razón. A su juicio, la situación histórico-social en que vivía estaba necesitada de una mayor libertad. Hegel vivió la Alemania de su tiempo como un ataque a sus aspiraciones democráticas y a la libertad, y concibió la necesidad de un Estado moderno y racional. Era preciso también, pues, una idea o concepto de Estado racional.




EL MARCO FILOSOFICO

La obra de Hegel puede considerarse como la madurez filosófica y cultural de la tradición occidental. Su filosofía pasa por ser el último gran sistema filosófico, en el que confluyen prácticamente todas las filosofías anteriores. El propio Hegel interpretó así su sistema, como el estado de maduración y unidad interna de todo el pensamiento anterior a él (así lo hace en sus Lecciones sobre la historia de la filosofía ).
La filosofía de Hegel se basa en la relación entre los dos conceptos fundamentales de la filosofía anterior: la Naturaleza (en la filosofía griega) y el Espíritu (en la filosofía cristiana y, a partir de Descartes, en la filosofía moderna). Hegel pretende la unidad interna y la conexión entre Naturaleza y Espíritu, de modo que pueda elaborarse una teoría unitaria, total y cerrada sobre la realidad en su totalidad.


DIALECTICA
El término "dialéctica", aunque no fue Hegel el primero en utilizarlo (lo habían hecho ya, por citar dos ejemplos, Platón y Kant), sirve para caracterizar toda su filosofía llamándola método dialéctico o naturaleza dialéctica de la realidad .

Ya habíamos hablado de que la filosofía de Hegel nacía unida a un marco histórico y social determinado, en el que Hegel denunciaba la falta de libertad del hombre. El término "dialéctica" es utilizado por Hegel para comprender y expresar la situación real del mundo.
Pero también habíamos visto que la filosofía de Hegel estaba inserta en un marco filosófico muy preciso. En ese sentido, en cuanto expresión de la filosofía de Hegel, dialéctica significa la radical oposición de Hegel a toda interpretación fragmentaria de la realidad y del conocimiento.
El carácter dialéctico de lo real significa que cada cosa es lo que es, y sólo llega a serlo en interna relación, unión y dependencia con otras cosas y, en último término, con la totalidad de lo real.
La dialéctica de Hegel concibe la realidad como un todo, sin que ello afecte para nada a la relativa independencia de cada cosa en su singularidad.
Pero el carácter dialéctico de lo real no sólo significa que tenga una relación interna, sino, más profundamente aún, que cada cosa sólo es lo que es en un proceso continuado. Es decir, la realidad, en cuanto dialéctica, no es fija ni determinada de una vez por siempre, sino que está en un constante proceso de transformación y cambio, cuyo motor es, a la par, tanto su interna contradicción, limitación y desajuste en relación con su exigencia e intención de totalidad, infinitud y absoluto, como la interna relación en que está con otra realidad, que aparece como su contrario


LA DIALECTICA COMO ESTRUCTURA DEL CONOCIMIENTO

El carácter dialéctico de la filosofía hegeliana tiene igual alcance en lo que se refiere al conocimiento o al saber ("conocimiento dialéctico" o "método dialéctico").
Para Hegel, por su propia concepción de la filosofía como "el conocimiento efectivo de lo que es en verdad", la teoría acerca de la realidad requiere indagar lo que es el conocimiento, el saber, el pensar (recuérdese que la relación ser-pensar ha sido una cuestión fundamental a lo largo de la historia de la filosofía.
Para Hegel el conocimiento tiene una estructura dialéctica. Y tiene esa estructura, en definitiva, porque la realidad es dialéctica y, por tanto, el conocimiento también es dialéctico, en cuanto que es una dimensión de lo real y en cuanto que se configura dialécticamente al manifestar adecuadamente la naturaleza dialéctica de la realidad. Pero, en verdad, las distinciones entre conocimiento y realidad, pensar y ser, etc., son, según Hegel, inadecuadas, justamente en razón del carácter dialéctico de la realidad en general y del principio hegeliano de que "lo verdadero es el todo". Lo que hay, en cualquier caso, es la relación interna y estructural entre el ser y el pensar, o, lo que es lo mismo, entre el objeto y el sujeto.


ESTRUCTURA DE LA DIALECTICA

Hemos visto que para Hegel la dialéctica no se limita a ser un método del conocimiento, sino que es algo más. La dialéctica constituye la naturaleza y estructura de lo real, y por ello es por lo que constituye el modo de proceder del conocimiento.
La estructura y esencia de la dialéctica es un todo complejo constituido por tres momentos o aspectos implicados entre sí :
- Lo que se ha llamado tesis (el aspecto o momento abstracto o intelectual). Suele interpretarse la tesis como una afirmación cualquiera, una realidad, un concepto. Pero esta afirmación lleva en su entraña un contrario, ya que la realidad no es estática, sino dinámica.
- Lo que se ha llamado antítesis (el aspecto o momento dialéctico o negativo-racional). Suele interpretarse como la negación de la afirmación anterior, ya que es esa contradicción el motor de la dialéctica. Este momento negativo es lo que hace dinamizar la realidad.
-Lo que se ha llamado síntesis (el aspecto o momento especulativo o positivoracional). Suele interpretarse como la superación del conflicto, la negación de la negación anterior. Los dos momentos anteriores son a la vez eliminados y conservados, es decir, elevados a un plano superior. La síntesis es enriquecimiento y perfección, es la seguridad de que la realidad está en constante progreso.


LAS CATEGORIAS

Para Hegel la razón rige el mundo y, por tanto, la historia ha transcurrido racionalmente. La razón es, pues, la sustancia de la historia. Si la historia ha transcurrido racionalmente, esto significa que ha transcurrido de acuerdo con unas categorías o leyes, esas categorías son las siguientes:
a) Variación . Se pone de manifiesto si nos fijamos en el cambio de individuos, pueblos y Estados que se van sucediendo.
b) Negatividad . El espíritu en su andadura histórica no cesa de destruirse y construirse constantemente. Esto significa que las etapas históricas tienen un desarrollo interno dialéctico que las hace desaparecer para transformarlas en otras más ricas y potentes: es la dialéctica aplicada a la historia.
c) Razón . La historia se desenvuelve en el terreno del espíritu. El espíritu es una conciencia no sólo del sujeto, sino también del objeto (Hegel llamaba a esto "conciencia de sí". Y esta conciencia de sí es la libertad, es decir, la autoconciencia.
d) Libertad . Es el principio fundamental que hace posible la historia. Sólo teniendo conciencia de la libertad se puede ser libre (de los tres tipos de libertad que distingue Hegel natural, de capricho y racional, Hegel se refiere a la libertad racional).


CARLOS MARX

1. CONTEXTO HISTÓRICO Y FILOSÓFICO.
Marx pasa gran parte de su vida en Inglaterra, primer lugar en el que se da la revolución industrial con todas sus consecuencias: explotación de los trabajadores, pobreza, malas condiciones laborales, situación precaria del proletariado, etc. Es allí donde surgen como consecuencia los primeros movimientos obreros.
Marx representa la práctica activa de la lucha de clases, lucha que debe proseguir hasta reducir las relaciones de dominio y explotación entre los hombres.
Vida y obras.



Carlos Marx nació en Trèveris, en 1818. Su familia (son pobres, viven en una situación precaria) es de origen judío, aunque el padre se convierte al protestantismo y Marx se bautizado en 1824. Cursa estudios universitarios (Marx no era filósofo inicialmente, sino economista) en Bonn y Berlín. En esta ciudad conoce a los jóvenes hegelianos y establece fuertes lazos de amistad con Bruno Bauer conoce a Engels, con quien mantendrá la amistad hasta su muerte, junto a éste nació el Marxismo.
La obra más destacada de Marx, que se publica en vida del autor, es, sin duda, el primer volumen de El Capital (1867). También cabe citar La sagrada familia y el Manifiesto Comunista, en colaboración con Engels; La miseria de la filosofía (plantea que hay que hacer un socialismo más científico), entre otras.


2. FILOSOFÍA MARXISTA.

Antropología marxista (concepción del hombre).
Para Marx el papel de la filosofía es claro y tajante: debe convertirse en práctica, ponerse al servicio del hombre concreto para liberarlo de las alienaciones a las que se ve sometido. La filosofía debe centrarse en el estudio del mundo real, realidad empírica y material, para sentar las bases de la transformación activa de esa realidad. Por eso integra la praxis como elemento principal de la filosofía.
El problema que preocupa a Marx es siempre el mismo: la defensa y liberación del hombre concreto, sometido a humillaciones, esclavitudes y desprecios. Lo que cambian son las estrategias para lograr el objetivo. Sólo el hombre oprimido, constituido en clase, la clase obrera, y por un método rigurosamente científico de análisis de la situación histórica, puedes ser el artícife de su propia liberación.

El humanismo de Marx.

La mayoría de los hombres, los proletarios, viven explotados y humillados por una minoría burguesa y capitalista, que impide a los primeros realizar las inmensas posibilidades de su libertad.
Preocupado por devolver al hombre su dignidad, Marx plantea, en su análisis de la sociedad, el camino que la filosofía debe emprender para llegar a la liberación del hombre. Aquí se sitúan los intentos concretos para eliminar las distintas alienaciones.
En su proceso analítico de la historia, Marx detecta tres tipos de alienación: la alienación religiosa, la alienación ideológica y la alienación económica o del trabajo.


3. ALIENACIONES Y TIPOS.

Marx hereda este término de Hegel, pero en otro sentido. Feuerbach en cambio, le da un sentido religioso: piensa que el hombre ha inventado la idea de Dios para consolar sus males. Proyectan en Dios sus cualidades positivas de manera infinita, desposeyéndose así de ellas (con lo cual están alienados).
La palabra viene de alienum, que significa algo ajeno o extraño. Es el acto por el cual se traspasa la propiedad de una cosa. En el marxismo, alienación es la expropiación de la libertad, capacidad de pensar y trabajo del hombre a causa del sistema económico capitalista en el que se ve inmerso; también se dice que es la situación histórica en la que el hombre se encuentra en el ámbito del proceso del trabajo capitalista al no advertir la dependencia que toda obra humana tiene de las condiciones materiales de producción.
Alienación religiosa.
Para Marx, la religión es la premisa de todas las demás alienaciones porque la religión proyecta al hombre fuera del mundo real, llevándolo a un mundo ficticio. De esta manera, la religión es alienación, ya que provoca la escisión entre el mundo concreto en que vive el hombre y el mundo ideal, al que lo remite, haciendo así posible cualquier otro tipo de alienación (afirmaciones recogidas de Feuerbach).
La religión no sólo es alienación de cada hombre individual, sino instrumento de la clase dominadora, para oprimir a los dominados. La alienación religiosa cumple así una función social, es “opio del pueblo”.
Alienación ideológica.
La naturaleza, y el hombre, que forma parte de ella, son lo único real. El hombre es un proceso, es producto, no sólo de la naturaleza, sino también de la sociedad. Por tanto, está en las manos del hombre la posibilidad de cambiar las circunstancias materiales y sociales que están en la base de la alienación humana actual. Quedarse en la teoría, aislada de la praxis, sólo se explica por el desgarramiento y contradicción de la situación actual, pero sólo con la práctica revolucionaria es posible llevar hasta el final las posiciones teóricas; esto es, la alienación ideológica puede ser superada mediante la eliminación de las contradicciones materiales que la sustentan.
Alienación económica o del trabajo.
Donde se da la forma más pura de alienación es en el trabajo. Para Marx, lo que identifica al hombre, en cuanto capacidad de producir con sus propias manos sus medios de subsistencia. La raíz última de la vida humana está en el trabajo. Marx piensa que lo que realmente distingue al hombre es su capacidad de producir, el trabajo
Alienación filosófica.
Consiste en el espejismo de pretender contemplar o interpretar la realidad al margen de la praxis, es decir, de las condiciones reales o materiales de la existencia humana.


4. MATERIALISMO HISTÓRICO

Modos de producción, relaciones de producción.
En el sistema de Marx hay una idea básica. El trabajo actúa, independientemente de la voluntad del hombre, como elemento transformador de la realidad. El mundo depende de los modos de producción de los medios materiales y de las relaciones de producción; unos y otros constituyen las bases para comprender la historia de las transformaciones sociales. Éste es el principio (el de la satisfacción de las necesidades humanas, lo económico), por el que se mueve la historia. Marx busca una conexión racional de los hechos en el nivel real de necesidades humanas, que incluye a la razón, pero sin limitarse a ella.
Se trata de detectar el factor económico presente en toda actividad humana, el cual es la base de la historia. Esto constituye lo que más se llama materialismo histórico, entendido como explicación de las estructuras sociales y de las leyes que rigen sus cambios históricamente constatables.
Marx aplica este principio a la sociedad capitalista de su época, pero lo considera también válido para el análisis de cualquier tipo de sociedad.

EL POSITIVISMO

Consiste en no admitir como validos científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia.
Evolución.
El término positivismo fue utilizado por primera vez por el filósofo y matemático francés del siglo XIX Auguste Comte, pero algunos de los conceptos positivistas se remontan al filósofo británico David Hume, al filósofo francés Saint-Simon, y al filósofo alemán Emmanuel Kant.



Comte eligió la palabra positivismo sobre la base de que señalaba la realidad y tendencia constructiva que él reclamó para el aspecto teórico de la doctrina. En general, se interesó por la reorganización de la vida social para el bien de la humanidad a través del conocimiento científico, y por esta vía, del control de las fuerzas naturales. Los dos componentes principales del positivismo, la filosofía y el Gobierno (o programa de conducta individual y social), fueron más tarde unificados por Comte en un todo bajo la concepción de una religión, en la cual la humanidad era el objeto de culto. Numerosos discípulos de Comte rechazaron, no obstante, aceptar este desarrollo religioso de su pensamiento, porque parecía contradecir la filosofía positivista original. Muchas de las doctrinas de Comte fueron más tarde adaptadas y desarrolladas por los filósofos sociales británicos John Stuart Mill y Herbert Spencer así como por el filósofo y físico austriaco Ernest Mach.

Augusto Comte (1798-1857)

Filósofo positivista francés, y uno de los pioneros de la sociología. Nació en Montpellier el 19 de enero de 1798. Desde muy temprana edad rechazó el catolicismo tradicional y también las doctrinas monárquicas. Logró ingresar en la Escuela Politécnica de París desde 1814 hasta 1816, pero fue expulsado por haber participado en una revuelta estudiantil.
Afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos estadios en su voluminosa obra Curso de filosofía positiva (6 vols., 1830-1842). Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración material de las causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se producen los fenómenos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a su vez a verificaciones observacionales y comprobables.

La Ley de los tres Estadios.
Según Comte, los conocimientos pasan por tres estadios teóricos distintos, tanto en el individuo como en la especie humana. La ley de los tres estadios, fundamento de la filosofía positiva, es, a la vez, una teoría del conocimiento y una filosofía de la historia. Estos tres estados se llaman:

Estadio Teológico:
Es ficticio, provisional y preparatorio. En él, la mente busca las causas y los principios de las cosas, lo más profundo, lejano e inasequible. Hay en él tres fases distintas:
Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o divino.
Politeísmo: en que la animación es retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las aguas, los ríos, los bosques, etc.
Monoteísmo: la fase superior, en que todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado Dios.
En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se vuelve a caer en todas las épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel histórico del estado teológico es irremplazable.
Estadio Metafísico:
O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios, aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de llegar a la adultez.

Estadio Positivo:
Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se detiene a al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y busca sólo las leyes de los fenómenos.
FENOMENOLOGIA

La fenomenología se ocupa de la conciencia con todas las formas de vivencias, actos y correlatos de los mismos, es una ciencia de esencias que pretende llegar sólo a conocimientos esenciales y no fijar, en absoluto, hechos. Es una meditación lógica que pretende superar las propias incertidumbres de la lógica, orientándose hacia y con un lenguaje o logos que excluya la incertidumbre. La fenomenología ha reflexionado ha sido una meditación sobre el conocimiento, un conocimiento del conocimiento; y su célebre "poner entre paréntesis" consiste en primer lugar en dejar atrás una cultura, una historia, en retomar todo saber remontándose a un no saber radical.

El término significa el estudio de los “fenómenos”, es decir de lo que aparece en la conciencia, lo dado; se trata de explorar precisamente eso que es dado, la cosa misma en que se piensa, de la que se habla, en síntesis, de la constitución de la conciencia. Se trata de recuperar al sujeto racional que está detrás de todo hecho y que directamente se pone como razón, pero ésta no se deriva de nada, es absoluta, des-ligada, no depende de hechos. Tampoco la vida subjetiva con sus modos de experiencia puede ser derivada de los hechos del mundo, sino al revés, éstos toman su sentido en aquélla. La fenomenología no parece tratar de la realidad sino de la representación de la realidad, así parece ser desde el momento en que la propia fenomenología exige prescindir de la realidad, de la naturaleza, del mundo objetivo. La fenomenología devela el estilo fundamental, o esencia, de la conciencia del dato inmediato anterior a toda tematización científica, que es la intencionalidad. En lugar de la tradicional conciencia que ingiere o digiere el mundo exterior, la fenomenología revela una conciencia que no es nada, salvo una relación con el mundo.


Edmund Husserl (1859-1938)

Como fundador de la escuela fenomenológica, se dio a la tarea de describir el método fenomenológico, previa depuración del psicologismo. Él inauguró la aprehensión de la “cosa misma”, más acá de toda predicación, en un combate con el lenguaje, contra sí mismo para alcanzar lo originario. La concepción del hombre, para Husserl, consiste en la restauración del sujeto racional que no esté anclado en los hechos, como la psicología, sino en la razón; trata de revelar que el hombre no es un hecho mundano, sino el lugar de la razón y de la verdad, de la subjetividad trascendental. El problema del psicologismo consiste en que se ve al hombre sólo como parte del mundo, como un hecho en el mundo, pero si sólo somos hechos en el mundo, entonces difícilmente podremos concebirnos como sujetos del mismo, puesto que la razón no está causada por las circunstancias mundanas: la razón es lo que es por sí misma. “La fenomenología de Husserl pretende reconstruir un sujeto racional que sea a la vez sujeto del mundo y objeto en el mundo.”



Tomando en cuenta que el mundo, la realidad, no es sino el conjunto de mis experiencias reales y posibles, la vida subjetiva no se deriva entonces de los hechos del mundo, sino al contrario. En la percepción de una cosa lleva a la conciencia de ésta, y luego a la vivencia: “La conciencia humana es intencional, es decir produce actos cuya característica es el no quedarse en sí mismos sino ir más allá, por lo que la conciencia intencional es en sus actos conciencia-de”, lo que permite que se represente mediante la actitud natural y la actitud fenomenológica; la primera es la que se mantiene en la vida ordinaria, la objetiva; y la segunda es en la que se interrumpe para fijarse en la experiencia de las cosas en un tiempo subjetivo. La fenomenología propone que se pase de la actitud natural a la actitud fenomenológica describiendo los fenómenos de la conciencia, sus intencionalidades, y para conseguir y garantizar que así sea tienen que darse dos operaciones simultáneas: la epojé y la reducción eidética. La epojé es poner entre paréntesis algo del mundo ordinario, lo suspende para entonces volver a los actos, a las cosas mismas a fin de alcanzar el residuo fenomenológico de la conciencia trascendental, o bien la esencia, o descubrir un nuevo reino de la experiencia, o crear una nueva. La reducción se refiere a reducir, re(con)ducir la realidad como tal a la representación de la misma en el sujeto, para hacer de ella una experiencia de la realidad, que es lo que constituye a la conciencia. Reducir es en el fondo transformar todo lo dado en algo que se nos enfrenta, en fenómeno, y revelar así los caracteres esenciales del yo.

EXISTENCIALISMO
El existencialismo moderno surgió en una Europa desgarrada por la luchas entre intereses encontrados, donde el hombre se sentía amenazado en su individualidad, en su realidad concreta. de ahí su énfasis en la fundamental soledad del individuo, en la imposibilidad de encontrar la verdad por medio de una decisión intelectual, y en el carácter irremediablemente personal y subjetivo de la vida humana.

Se denomina existencialismo a una serie de doctrinas filosóficas que, aunque suelen diferir radicalmente en muchos puntos, coinciden en considerar que es la existencia del ser humano, el ser libre, la que define su esencia, en lugar de ser su esencia humana la que determina su existencia.

El existencialismo en la filosofía. Aun constituyendo una corriente del pensamiento moderno, es posible rastrear una sensibilidad existencialista a lo largo de toda la historia de la filosofía. Así sucede, por ejemplo, con el imperativo socrático "conócete a ti mismo"; con la angustiada imprecación de Pascal, cuando situaba al hombre entre el ser y la nada; o con la defensa de la irreductibilidad de la existencia a la razón, que formulara el idealista alemán F. W. J. Schelling.
Contra el concepto de ineluctable necesidad de G. W. F. Hegel -la libertad es la conciencia de la necesidad, afirmaría este filósofo-, el danés Soren Kierkegaard, profundamente religioso y considerado como el padre del existencialismo, opuso la interpretación de la existencia en términos de las formas de existencialismo, la proyección del futuro sobre la base de las posibilidades que constituyen. Para algunos pensadores de este movimiento -los alemanes Martin Heidegger y Karl Jaspers, por ejemplo-, las posibilidades existenciales, en tanto que tienen su anclaje en el pasado, de modo que sólo lo que ya ha sido elegido puede ser elegido. Para otros, como el francés Jean-Paul Sartre, las posibilidades que se ofrecen a la elección existencial son infinitas y equivalentes, y, por tanto, la elección entre ellas resulta indiferente.
Rasgos fundamentales del existencialismo. Si bien no es posible dar una definición precisa del existencialismo .pues no existe un existencialismo único-. sí pueden presentarse una serie de rasgos que ayuden a describir el talante y el espíritu de ese movimiento filosófico.
El existencialismo introduce la vivencia personal en la reflexión filosófica. Frente a la tradición de que el filósofo debe establecer cierta distancia entre él mismo como sujeto pensante y el objeto que considera, el existencialista se sumerge apasionadamente en lo que contempla, hasta el punto de que su filosofía puede llegar a ser fundamentalmente una filosofía autobiográfica (Kierkegaard).

Los temas sobre los que reflexiona el existencialista se mueven alrededor del hombre y de la realidad humana (hombre, libertad, realidad individual, existencia cotidiana). Heidegger es el filósofo que parece más alejado de esta perspectiva, que para él el problema fundamental de la filosofía es el ontológico, es decir, el problema del ser, y, por tanto, el problema del hombre queda subordinado a aquel problema. Sin embargo, el ser-ahí, el ente que es el hombre, se sitúa en un lugar preferente en toda pregunta sobre el ser.

El hombre no es para los existencialistas un mero objeto. El hombre es un sujeto-en-el-mundo y abierto al mundo. En términos sartrianos, el hombre se crea a sí mismo.
La libertad es otro de los temas básicos para los existencialistas. No se trata en ellos, sin embargo, de la libertad académica, de la libertad como presupuesto del acto moral, sino de la libertad que hace posible la elección y, por tanto, la realización del individuo. El existencialismo significó, en la Europa oprimida por el nazismo y las dictaduras totalitarias, la reafirmación de la libertad política y cultural del individuo. El existencialismo tiene a su favor la positiva significación histórica de haber planteado una dura batalla a la dictadura de la razón formalizada que denunciara el pensador alemán Max Weber.

La muerte, insoslayable, es también objeto de atención para los existencialistas. El hombre vive para morir; cada cual muere solo. Para Heidegger, la muerte es la última posibilidad del hombre; para Sartre, el fin de todas las posibilidades; para todos los existencialistas, la suprema realidad trascendente. El ser-para-la-muerte es el verdadero destino y objetivo de la existencia humana.

EL NEOPOSITIVISMO

Corriente del pensamiento desarrollada por los filósofos del llamado Círculo de Viena en la década de los años veinte y treinta del siglo XX. Sus miembros, partidarios de un empirismo cientificista, investigaron principalmente en el ámbito de la filosofía del lenguaje, rechazaron todo tipo de saber metafísico y utilizaron el análisis lógico como instrumento para conocer la realidad. Dicho movimiento, que recibe también los nombres de positivismo lógico y empirismo lógico surgió a partir de la teorías de Ludwig Wittgenstein y Bertrand Russell. Algunos de sus más destacados representantes fueron Moritz Schlick, Rudolph Carnap y Otto Neurath. Se creó un grupo de discusión en torno a problemas epistemológicos y cuya pretensión era seguir el camino abierto por el positivismo en muchos de cuyos puntos fundamentales estaban de acuerdo: la defensa del empirismo, el rechazo rotundo de la metafísica y una orientación unificadora de la ciencia en sus lenguajes y en sus métodos.


Wittgenstein


Russell

Los principios fundamentales de neopositivismo lógico son: el empirismo y el positivismo, la metodología de las ciencias empíricas, la lógica matemática y el eudemonismo y la sociología positivista.
Uno de los elementos fundamentales que desarrollan los neopositivistas es el criterio de demarcación de los conocimientos científicos. De forma que se pueda determinar que proposiciones pueden ser consideradas como científicas y cuales no. El criterio empirista de demarcación dice que una proposición sintética sólo tiene significado cognoscitivo si puede ser verificada por medio de la experiencia. Sólo este tipo de proposiciones facilitan alguna información sobre el mundo, y sólo ellas poseen validez para la ciencia. Pueden existir proposiciones que no puedan ser verificadas, no serán científicas, aunque pueden tener un uso, por ejemplo, de tipo emotivo.
Como características del grupo se podría destacar su posición antimetafísica, su análisis del lenguaje, el recurso a la lógica y su defensa de los métodos de las ciencias naturales y de las matemáticas. Las raíces de estas posiciones se encuentran fundamentalmente en el empirismo de Hume y Locke, el positivismo de Comte y el empirocriticismo de Mach, que basan toda fuente de conocimiento en la experiencia. Esto significa que rechazaban todo tipo de conocimiento apriorístico (anterior a la experiencia) y cualquier proposición que no pudiera ser confrontada por la experiencia.
Las teorías empírico-analíticas también suelen ser llamadas "teorías deductivo-empíricas" o "empírico-general-inductivas". Se basan en distintas variedades de la lógica científica neo-positivista.

El EMPIRISMO

(Hume) considera que la única fuente del conocimiento es la experiencia. Recusa todo innatismo: el hombre sólo elabora un conocimiento después de haber estado en contacto con la realidad sensible, y lo hace con elementos que ella le aporta.
El EMPÍRICO-CRITICISMO (Avenarius) fundamenta en la crítica sistemática de la experiencia pura la posibilidad de eliminar los planteamientos de tipo metafísico y los apriori del conocimiento, para lograr una representación neutral del mundo.



EMPIRISMO CIENTÍFICO es ante todo el nombre de una característica metodológica propia de todas las corrientes científicas derivadas o afines al positivismo lógico, que se proponen la unificación de la ciencia. Este enfoque se centra en el concepto de VERIFICABILIDAD, básico para la aceptación de una proposición en cualquier campo del saber. Recordemos que el principio de verificabilidad consiste en "saber qué observaciones conducirían bajo ciertas condiciones a aceptar una proposición como verdadera o rechazarla como falsa".

29 de julio de 2009

10:01 p. m.

Capitulo 9 de la DSI

I. LA BONDAD DEL ORDEN CREADO

El Creador confía al hombre, coronación de toda la obra de la creación, el cuidado de la tierra De aquí surgen obligaciones muy concretas para cada persona relativas a la ecología.

El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales.

II. PROBLEMAS AMBIENTALES

La primera consideración es que es preciso que haya una cooperación internacional para procurar un más fácil intercambio de bienes, capitales y personas.

La segunda consideración se funda, en cambio, en la convicción, cada vez mayor también, de la limitación de los recursos naturales, algunos de los cuales no son, como suele decirse, renovables. La tercera consideración se refiere directamente a las consecuencias de un cierto tipo de desarrollo sobre la calidad de vida en las zonas industrializadas.El dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de "usar y abusar", o de disponer de las cosas como mejor parezca. La limitación impuesta por el mismo Creador desde el principio, y expresada simbólicamente con la prohibición de "comer del fruto del árbol"

La explotación de la tierra, del planeta en el que vivimos, exige una planificación racional y honesta. Al mismo tiempo, tal explotación para fines no solamente industriales, sino también militares, el desarrollo de la técnica no controlado ni encuadrado en un plan a escala universal y auténticamente humanista, llevan muchas veces consigo la amenaza del ambiente natural del hombre, lo enajenan en sus relaciones con la naturaleza y lo apartan de ella.

El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida. En la raíz de la insensata destrucción del ambiente natural hay un error antropológico, por desgracia muy difundido en nuestro tiempo. El hombre, que descubre su capacidad de transformar y, en cierto sentido, de "crear" el mundo con el propio trabajo, olvida que éste se desarrolla siempre sobre la base de la primera y originaria donación de las cosas por parte de Dios. En vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él.

Mientras el horizonte del hombre se va modificando, partiendo de las imágenes que para él se seleccionan, se hace sentir otra transformación, consecuencia tan dramática como inesperada de la actividad humana. Bruscamente, el hombre adquiere conciencia de ella, debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación. No sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable.

La más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica "ecología humana". No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado.

El hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo, tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de vida, o sea, sobre la creación que Dios puso al servicio de su dignidad personal, de su vida: no sólo respecto al presente, sino también a las generaciones futuras. A los responsables de las empresas les corresponde ante la sociedad la responsabilidad económica y ecológica de sus opera- cines. Están obligados a considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias.

Con la promoción de la dignidad humana se relaciona el derecho a un medio ambiente sano, ya que éste pone de relieve el dinamismo de las relaciones entre el individuo y la sociedad. Un conjunto de normas internacionales, regionales y nacionales sobre el medio ambiente está dando forma jurídica gradualmente a este derecho. El presente y el futuro del mundo dependen de la salvaguardia de la creación, porque hay una constante interacción entre la persona humana y la naturaleza

IV. TECNOLOGÍA

El desarrollo de la industria y de los diversos sectores relacionados con ella indica el papel de primerísima importancia que adquiere, en la interacción entre el sujeto y objeto del trabajo. Esa aliada del trabajo, creada por el cerebro humano, que es la técnica.... Entendida aquí no como capacidad o aptitud para el trabajo, sino como un conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo, la técnica es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos del trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Es veces, la técnica puede transformarse de aliada en adversaria del

El hombre ha extendido su poder sobre la naturaleza; ha adquirido un conocimiento más profundo de las leyes de su comportamiento social

27 de julio de 2009

7:25 p. m.

Resumen de la enciclica caritas in veritates

escudo-benedicto-16

Ofrecemos la síntesis facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede de la nueva encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in veritate”: La Caridad en la verdad, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad .

“En la Introducción -explica la síntesis- el Papa recuerda que la caridad es “la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia”. Por otra parte, dado el “riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida” advierte de que “un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales”.
“El desarrollo (…) necesita esta verdad”, escribe Benedicto XVI y analiza “dos criterios orien tadores de la acción moral: la justicia y el bien común. (…) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social”.
El primer capítulo está dedicado al “Mensaje de la “Populorum progressio” de Pablo VI que “reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia”. “La fe cristiana -escribe Benedicto XVI- se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (…) sino solo en Cristo”. El pontífice evidencia que “las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material”. Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más “en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos”.
“El desarrollo humano en nuestro tiempo” es el tema del segundo capítulo. “El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” Y enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad financiera “en buena parte especulativa”, los flujos migratorios “frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra”. Frente a esos problemas ligados entre sí, el Papa invoca “una nueva síntesis humanista”, constatando después que “el cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos: (…) crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (…) y nacen nuevas pobrezas”.
“En el plano cultural -prosigue- (…) las posibilidades de interacción” han dado lugar a “nuevas perspectivas de diálogo”, (…) pero hay un doble riesgo”. En primer lugar “un eclecticismo cultural” donde las culturas se consideran “sustancialmente equivalentes”. El peligro opuesto es el de “rebajar la cultura y homologar los (…) estilos de vida”. Benedicto XVI recuerda “el escándalo del hambre” y auspicia “una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo”.
Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto por la vida “en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos” y afirma que “cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre”.
Otro aspecto ligado al desarrollo es el “derecho a la libertad religiosa. La violencia - escribe el Papa-, frena el desarrollo auténtico” y esto “ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista”.
“Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil” es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de la experiencia del don, no reconocida a menudo, “debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (…) El desarrollo, (…) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad”, y por cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta debe estar “ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política”.
Retomando la encíclica “Centesimus annus” indica “la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil” y espera en “una civilización de la economía”. Hacen falta “formas de economía solidaria” y “tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco”.
El capítulo se cierra con una nueva valoración del fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como “un proceso socio-económico”. (…) La globalización necesita “una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (…) y capaz de corregir sus disfunciones”.
En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema del “Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente”. “Gobierno y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar “la objetividad y la indisponibilidad” de los derechos. A este respecto, se detiene en las “problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico”.
Reafirma que la sexualidad no se puede “reducir a un mero hecho hedonístico y lúdico”. Los Estados, escribe, “están llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la familia”.
“La economía -afirma una vez más- tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona”. La misma centralidad de la persona, escribe, debe ser el principio guía “en las intervenciones para el desarrollo” de la cooperación internacional. (…) Los organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos”, “con frecuencia muy costosos”.
El Santo Padre se refiere más adelante a las problemáticas energéticas. “El acaparamiento de los recursos” por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen “un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres”. (…) “Las sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben disminuir la propia necesidad energética”, mientras debe “avanzar la investigación sobre energías alternativas”.
“La colaboración de la familia humana” es el corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve que “el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia”. De ahí que, se lee, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo “solo si Dios encuentra un puesto también en la esfera pública”.
El Papa hace referencia al principio de subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona “a través de la autonomía de los cuerpos intermedios”. La subsidiariedad, explica, “es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista” y es más adecuada para humanizar la globalización”.
Asimismo, Benedicto XVI exhorta a los Estados ricos a “destinar mayores cuotas” del Producto Interno Bruto para el desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor acceso a la educación y, aún más, a la “formación completa de la persona” afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo sexual. “Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales”.
El Papa afronta a continuación al fenómeno “histórico” de las migraciones. “Todo emigrante, afirma, “es una persona humana” que “posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación”.
El último párrafo del capítulo lo dedica el Pontífice “a la urgencia de la reforma” de la ONU y “de la arquitectura económica y financiera internacional”. Urge “la presencia de una verdadera Autoridad política mundial” (…) que goce de “poder efectivo”.
El sexto y último capítulo está centrado en el tema del “Desarrollo de los pueblos y la técnica”. El Papa pone en guardia ante la “pretensión prometeica” según la cual “la humanidad cree poderse recrear valiéndose de los ‘prodigios’ de la tecnología”. La técnica, subraya, no puede tener una “libertad absoluta”.
El campo primario “de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bioética”, explica el Papa, y añade: “La razón sin la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia”. La cuestión social se convierte en “cuestión antropológica”. La investigación con embriones, la clonación, lamenta el Pontífice, “son promovidas por la cultura actual”, que “cree haber desvelado todo misterio”. El Papa teme “una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos”.
En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo “tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración”, de “amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”.

esta fue tomada de la pag. de servicio de informacion catolica para accesar a la pag. click aqui

25 de julio de 2009

8:47 p. m.

Resumen de la enciclica Deus Caritas Est

“Dios es amor; quien está en el amor, habita en Dios y Dios habita en él” (1 Jn 4, 16). Estas palabras, con las que comienza la encíclica, expresan el centro de la fe cristiana. En un mundo en el cual al nombre de Dios se le asocia a veces con la venganza o incluso el odio y la violencia, el mensaje cristiano del Dios Amor es de gran actualidad.

La Encíclica está articulada en dos grandes bloques. La primera ofrece una reflexión teológico-filosófica sobre el “amor” en sus diversas dimensiones -eros, philia, agape – precisando algunos datos esenciales del amor de Dios por el hombre y de la relación intrínseca que este amor tiene con el amor humano. La segunda parte trata del ejercicio concreto del mandamiento del amor al prójimo.

  • Primera parte:

El término “amor”, una de las palabras más usadas y de las cuales más se abusa en el mundo de hoy, abarca un vasto campo semántico. Sin embargo, en la multiplicidad de significados, emerge como arquetipo del amor por excelencia el que se da entre el hombre y la mujer, que en la antigua Grecia recibía el nombre de “eros”. En la Biblia, y sobre todo en el Nuevo Testamento, se profundiza en el concepto de “amor” –un desarrollo que se expresa en la misa al margen de la palabra “eros”, en favor del término “ágape”, para expresar un amor oblativo. Esta nueva visión del amor, que es una novedad esencial del cristianismo, a menudo ha sido valorada de forma absolutamente negativa como rechazo del “eros” y de la corporeidad. Aunque ha habido tendencias de ese tipo, el sentido de esta profundización es otro.

El “eros”, puesto en la naturaleza del hombre por su mismo Creador, tiene necesidad de disciplina, de purificación y de maduración para no perder su dignidad original y no degradarse en puro “sexo”, convirtiéndose en una mercancía. La fe cristiana siempre ha considerado al hombre como un ser en el cual espíritu y materia se compenetran mutuamente, extrayendo de esto una nueva nobleza. El desafío del “eros” puede considerarse superado cuando, en el hombre, cuerpo y alma se encuentran en perfecta armonía.

Entonces el amor se convierte en “éxtasis”; pero “éxtasis” no en el sentido de euforia pasajera, sino como éxodo permanente del yo recluido en sí mismo, hacia su liberación en el don de sí, y precisamente de esta forma, hacia el encuentro de sí mismo, y también hacia el descubrimiento de Dios: de esta forma el “eros” puede elevar al ser humano “en éxtasis” hacia lo Divino. En definitiva, “eros” y “ágape” exigen que no se les separe nunca completamente al uno del otro, al contrario, cuano más ambos, aunque en dimensiones diversas, encuentran su justo equilibrio, tanto más se realiza la verdadera naturaleza del amor. A pesar de que el “eros” inicialmente es sobre todo deseo, al acercarse después a la otra persona, se preguntará cada vez menos sobre sí mismo, buscará cada vez más la felicidad del otro, si donará y deseará “ser para” el otro: así se inserta en él y se afirma el momento del “ágape”.

En Jesucristo, que es el amor encarnado de Dios, el “eros”-“agape” alcanza su forma más radical. En a muerte en cruz, Jesús, donándose para levantar y salvar al hombre, expresa el amor de la forma más sublime. A este acto de ofrecimiento, Jesús le ha asegurado una presencia duradera a través de la institución de la Eucaristía, en la que, bajo las especies del pan y del vino, se dona a sí mismo como nuevo maná que nos une a Él. Participando en la Eucaristía, también nosotros somos implicados en la dinámica de su donación. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los otros a quienes Él se dona; nos convertimos así en “un solo cuerpo”. De esta forma, el amor a Dios y el amor al prójimo están verdaderamente unidos. El doble mandamiento, gracias a este encuentro con el “ágape” de Dios, ya no es sólo exigencia: el amor puede ser “mandado” porque primero se ha donado.

  • Segunda parte

El amor al prójimo enraizado en el amor de Dios, más que tarea para el fiel, lo es para la entera comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario. La conciencia de tal deber ha tenido relevancia constitutiva en la Iglesia desde sus inicios (cfr Hch 2, 44-45) y bien pronto se manifestó también la necesidad de una cierta organización como presupuesto para su cumplimiento eficaz. Así, en la estructura fundamental de la Iglesia, emergió la “diaconía” como servicio del amor al prójimo ejercido de modo comunitario y de forma ordenada –un servicio concreto, pero al mismo tiempo también espiritual (cfr Hch 6, 1-6). Con la progresiva difusión de la Iglesia, este ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales. La íntima naturaleza de la Iglesia se expresa así en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios (“kerygma-martyria”), la celebración de los Sacramentos (“leiturgia”), y el servicio de la caridad (“diakonia”). Son tareas que se presuponen mutuamente y que no pueden separarse una de otra.

Desde el siglo XIX, contra la actividad caritativa de la Iglesia se ha levantado una objeción fundamental: ésta estaría en contraposición –se ha dicho- con la justicia, y acabaría por actuar como sistema de conservación del “status quo”. Con el cumplimiento de obras individuales de caridad, la Iglesia favorecería el mantenimiento del sistema injusto existente, haciéndolo de alguna forma soportable y frenando así la rebelión y el cambio potencial hacia un mundo mejor. En este sentido el marxismo había puesto en la revolución mundial y en su preparación la panacea para la problemática social –un sueño que con el transcurrir del tiempo se ha desvanecido. El magisterio pontificio, empezando por la Encíclica “Rerum novarum” de León XIII (1891), hasta la trilogía de las Encíclicas sociales de Juan Pablo II (“Laborem exercens” [1981], “Sollicitudo rei socialis” [1987], “Centesimus annus” [1991]), ha afrontado con creciente insistencia la cuestión social, y en la confrontación con situaciones problemáticas siempre nuevas, ha desarrollado una doctrina social muy articulada, que propone orientaciones válidas más allá de los límites de la Iglesia.

C
on todo, la creación de un orden justo de la sociedad y del Estado es la tarea central de la política, por tanto no puede ser el cometido inmediato de la Iglesia. La doctrina social católica no pretende conferir a la Iglesia un poder sobre el Estado, sino simplemente purificar e iluminar la razón, ofreciendo su propia contribución a la formación de las conciencias, de manera que las verdaderas exigencias de la justicia puedan ser percibidas, reconocidas y también realizadas. A pesar de ello no existe ningún ordenamiento del Estado, por justo que sea, que pueda hacer superfluo el servicio del amor. El Estado que quiere proveer de todo se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar la contribución esencial de la que el hombre que sufre – cada hombre– tiene necesidad: la amorosa dedicación personal. Quien quiere desembarazarse del amor, se dispone a desembarazarse del hombre en cuanto hombre.

En nuestra época, un efecto positivo colateral de la globalización se manifiesta en el hecho de que la solicitud por el prójimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a alargar sus horizontes al mundo entero. Las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias secundan de diversas maneras la solidaridad expresada por la sociedad civil: así se han formado múltiples organizaciones con fines caritativos y filantrópicos. También en la Iglesia Católica y en otras Comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Entre todas estas instancias es de auspiciar que se establezca una colaboración fructífera. Naturalmente, es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda su propia identidad, disolviéndose en la organización asistencial común y convirtiéndose en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la esencia de la caridad cristiana y eclesial. Por ello:

- La actividad caritativa cristiana, más allá de su competencia profesional, debe basarse en la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo.

- La actividad caritativa cristiana debe ser independiente de partidos e ideologías. El programa del cristiano – el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús– es “un corazón que ve”. Este corazón ve de dónde hay necesidad de amor y actúa de modo consecuente.

- La actividad caritativa cristiana, además, no debe ser un medio en función de lo que hoy viene señalado como proselitismo. El amor es gratuito; no viene ejercido para alcanzar otros objetivos. Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por así decirlo, dejar a Dios y a Cristo aparte. El cristiano sabe cuando es el tiempo de hablar de Dios y cuándo es justo hacer silencio sobre Él y dejar hablar sólo al amor. El himno a la Caridad de San Pablo (cfr 1 Cor 13) debe ser la “Carta Magna” del entero servicio eclesial para protegerlo del riesgo de convertirse en puro activismo.

En este contexto, y frente la inminente secularismo que puede condicionar también a muchos cristianos empeñados en el trabajo caritativo, hay que afirmar la importancia de la oración. El contacto vivo con Cristo evita que la experiencia de la desmesuración de las necesidades y de los límites del propio trabajo puedan, por un lado, empujar al trabajador a la ideología que pretende realizar lo que Dios, aparentemente, no consigue o, por otro lado, convertirse en tentación a ceder a la inercia y a la resignación. El que reza no desperdicia su tiempo, aunque la situación parezca empujar únicamente a la acción, y no pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca –con el ejemplo de María y de los Santos- alcanzar en Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presente en el mundo.

17 de julio de 2009

1:35 a. m.

"¡Testimoniad la fe a través del mundo digital!" S.S.Benedicto XVI

"¡Testimoniad la fe a través del mundo digital!" S.S.Benedicto XVI


[VEM 20.05.09] El Santo Padre Benedicto XVI invitó a los jóvenes a usar las nuevas tecnologías para la Evangelización. Dijó hablando en inglés: "¡Testimoniad la fe a través del mundo digital! ¡Emplead esas nuevas tecnologías para dar a conocer el Evangelio de modo que la Buena Nueva del amor infinito de Dios por todos resuene de maneras diferentes en nuestro mundo cada vez más tecnológico!".

1:27 a. m.

Encíclica de Benedicto XVI es descargada masivamente de la BEC





[VEM 13.07.09] A tan sólo una semana de la publicación de “Caritas in veritate” (Caridad en la Verdad) la última encíclica del Papa Benedicto XVI, ésta ha sido descargada en miles de ocasiones por los usuarios de la Biblioteca Electrónica Cristiana.

El texto se presenta completo en la Biblioteca Electrónica Cristiana y desde ésta página puede ser compartido para ser publicado en las redes sociales u otros servicios de la web 2.0

La encíclica, publicada en Internet a tan sólo horas de su presentación el pasado 7 de julio en la Sala de Prensa de la Santa Sede, aborda una nueva síntesis humanista que busca ayudar a superar los retos de la globalización y recuerda el papel fundamental que tiene la caridad en el cambio de la sociedad.

En esta tercera encíclica de su Pontificado, Benedicto XVI aborda temas como el hambre, el trabajo, la libertad religiosa, la economía y el desarrollo de los pueblos y resalta la importancia del humanismo cristiano, de la caridad y de vivir en verdad.

Descargar la Encíclica aquí

14 de julio de 2009

8:08 p. m.

Patristica y Escolastica


Aqui les dejo un texto sobre la patristica y la escolastica, recuerden no se limiten :)

La Patrística y la Escolástica

Al hablar de Padres de la Iglesia nos referimos a aquellos cuya labor fundamental fue la de redactar obras que exponían la doctrina cristiana. Son los verdaderos iniciadores de la filosofía cristiana al mismo tiempo que desarrollan la estructura eclesial. Se suelen distinguir dos grupos atendiendo a la lengua usada para redactar sus obras, aunque la diferencia en estos va más allá del idioma. Estos grupos son:

1.- Padres Griegos: son aquellos autores que usando el griego como lengua y conceptos de la filosofía griega, construyeron el armazón de lo que sería la filosofía y teología cristiana. Estos se basaban en el pensamiento platónico bajo su forma neoplatónica.

La influencia de los griegos dio un carácter especulativo a sus escritos, el cual marcó el pensamiento cristiano.

2.- Padres Latínos: son los autores que escriben en latín y a partir de la cultura romana contribuyeron a la formación del pensamiento cristiano. Estos cobraron importancia a mitad del siglo III, cuando el latín desplazó el griego como lengua litúrgica de la comunidad en Occidente. Los contenidos metafísicos que aparecen en sus escritos son debido a la influencia de la cultura griega, el Platónismo, ya presente en las primeras formulaciones del pensamiento cristiano.

La tarea que realizó la patrística fue la de iniciar la construcción de un pensamiento cristiano a partir del pagano. Esta tarea comenzó en Alejandría, con la creación de la escuela catequética cristiana “Didascalión”, en la que se presenta las corrientes platónicas, estóicas y filonianas, que condicionan desde sus inicios el posteriror desarrollo del pensamiento cristiano. Se puede decir que entre los Padres de la Iglesia hay una valoración positiva de la filosofía. Se le considera capaz de ayudar a una mejor comprensión de la fe. Esto impulsó la creación de los conceptos cristianos a partir de la terminología griega. De esta manera los conceptos tomados de los griegos habían cobrado un nuevo sentido en el marco de una filosofía cristiana.

San Agustín

San Agustín, obispo de Hipona, es considerado el gran maestro de la Edad Medía. Este elaboró el primer sistema completo del pensamiento cristiano que nace como consecuencia de las polémicas que surgen al tratar de definir la verdadera doctrina cristiana. Inició esta tarea desde su conversión en el 386 d. C. cuando escribe su obra “Contra los Académicos”. En un esfuerzo por precisar el sentido correcto de los conceptos cristianos San Agustín fija la terminología de la filosofía cristiana predominante hasta el siglo XIII.

Este polemizó fundamentalmente contra tres movimientos:

  • Maniqueísmo. Admite la existencia de dos princípios originarios en el mundo en permanente lucha, Ormuz(luz, bien) y Arimán (obscuridad, mal). Ambos estan presentes en el hombre, a través del alma corpórea.

  • Donatismo. Defiende la separación total y absoluta de la Iglesia y el Estado. Según ellos los eclesiásticos que colaboraban con el Estado perdían su pureza y no podían administrar los sacramentos, por lo que era dificil establecer una jerarquía eclesiástica, así lo constaba el hecho de que los obispos, equivalentes a los gobernadores de las provincias romanas, podían dictar sentencias de carácter inapelable.

  • Pelagianismo. Admite que el hombre puede obrar el bien por sí mismo, rechazando así el pecado original.

  • Las ideas que San Agustín elabora como resultado de estas polémicas forman un sistema filosófico que pasa a formar parte de la doctrina oficial de la Iglesia.

    San Agustín sostiene que la filosofía contribuye a hacer comprensible la verdad cristiana, siguiendo el modelo neoplatónico tanto en la busqueda de la verdad como en la forma de interpretar el conocimiento.

    Al analizar el conocimiento, San Agustín distingue tres niveles que se corresponden con los de la teoría Platónica:

  • Conocimiento sensible. Se trata del conocimiento que tenemos de las cosas a través de nuestros sentidos. Estos son modificados por la influencia de las cosas y esta modificación llega al alma por medio del cuerpo, y de este modo hay conocimieto, aunque no es un conocimiento verdadero ya que tanto las cosas como el cuerpo aportan sus deficiencias al conocimiento.

  • Conocimiento racional. Consiste en una elaboración efectuada por la razón de los datos de los sentidos, de los datos de la sensación. La razón compara estos datos con las ideas de la mente divina que han dado lugar a la creación y así puede emitir juicio sobre las cosas. Este nivel de conocimiento distingue al hombre de los seres vivos ya que es el único que por poseer un alma racional puede llegar a este tipo de conocimiento.

  • Conocimiento contemplativo. Es el más alto grado de conocimiento. En él se alcanza la contemplación de las ideas eternas en su misma realidad. Por tanto, no hay necesidad de los datos de la sensibilidad ni del razonamiento. Se trata del auténtico conocimiento, el conocimiento objetivo de la sabiduría. Este solo se alcanzaen el interior del hombre, es la presencia de Dios en cada hombre.

  • A diferencia de Platón las ideas eternas en San Agustín no son autónomás, sino que estan en la mente divina, ya que es el único camino por el que el pensamiento cristiano podría admitir su existencia.

    San Agustín establece un paralelismo entre la necesidad de la luz solar para la visión de las cosas y la necesidad de una luz para que la mente entienda las verdades. Esta luz que ilumina el entendimiento proviene del sol divino.

    El Hombre, la Moral y la Política

    Cada hombre concreto sujeto de redención, posee dentro de sí una realidad que se muestra como razón. Esta razón es el alma en el sentido propiamente humano, aquel aspecto que lo diferencia de los seres vivos. Esta alma posee diversos niveles, relacionados con los niveles del conociminento.

    El alma es lo que define propiamente al hombre y es una sustancia dotada de razón destinada a regir su cuerpo. Esta concepción manifiesta una visión dualista, al estilo platónico, según el cual el hombre es un compuesto de dos elementos: alma y cuerpo.

    Estos dos componentes pertenecen a dimensiones distintas: el alma es algo inmortal, espiritual y sede de la inteligencia; el cuerpo es un componente material que debe ser dirigido por el alma. Sin embargo, por el pecado original el hombre es un ser caído y su alma no tiene fuerza para dominar el cuerpo sino que éste domina a aquella.

    Las consecuencias que se derivan de la interpretación del hombre como un ser caído afectan a la explicación del comportamiento humano desde el punto de vista de la moral.

    En Grecia el comportamiento moral estaba ligado al conocimiento, en la mentalidad Agustiniana la moral va unida a la voluntad.

    El Libre Albedrío

    El hombre nace con una voluntad débil. Esta voluntad se entiende como libre albedrío, es decir, la capacidad de elegir libremente. Es esta la que se encuentra deteriorada en el hombre e inclinada más a favor del mal que del bien.

    Para solucionar este problema, San Agustín acude a una intervención exterior, derivada de la redención, que ayuda al hombre a recuperar su estado de equilibrio y le da la posibilidad de tomar las decisiones. Es la ayuda de la gracia que transforma el libre albedrío en libertad.

    La libertad lleva al hombre a obrar el bien y, en su grado máximo, a no poder obrar el mal. Este grado de libertad no se puede alcanzar en este mundo. La libertad en su grado máximo el denominado libertas maior, propia de la vida de los santos, mientras que la libertad que posee el hombre y le lleva a obrar el bien, la libertas minor, es suficiente para su vida ordinaria.

    El Sentido Escatológico de la Historia

    Esta busca explicar el destino del hombre como miembro de una colectividad. Con esto pretende encontrar el sentido de la historia humana, que debe tener relación con la Historia Sagrada y la visión escatológica que aparece en la Biblia. Al plantear la historia desde esta perspectiva se inicia la filosofía religiosa, pero por la carga religiosa de la que se interpreta es una teología de la historia.

    San Agustín escribe en su libro “La ciudad de Dios” que la capacidad humana para seguir o no los dictados de Dios hace que se pueda hablar de la existencia de dos ciudades. Estas representan la comunidad de hombres que siguen los dictados divinos y la comunidad de los hombres que siguen sus propios dictados. La primera se funda en el amor a Dios y la segunda, en el amor propio.

    El punto de partida es la lucha permanente entre dos tendencias una positiva y otra negativa. Mientras en el hombre hay una constante lucha entre las tendencias corporales y las espirituales. Esta lucha San Agustín la representa como la lucha entre dos ciudades: la ciudad terrena, el Estado, y la ciudad celestial, la Iglesia.

    La única forma que San Agustín ve que esta influencia sea mutuamente benficiosa es que ambas ciudades se rijan por los valores espirituales, que busquen los intereses divinos y no los terrenales.

    De aquí nace que el Estado deba llevarles hacia la ciudad celeste, por lo tanto debe rejirse de los intereses espirituales. Esta fue la base de la teoría política denominada cesaropapismo, que dice que la Iglesia es la comunidad de los fieles crstianos que buscan a Dios y la justicia, y que el Estado debe estar sometido por la Iglesia.

    Esta teoría sirvió para justificar el predominio temporal de la Iglesia sobre el Estado.

    Dios y la Creación. El problema del mal

    En todo sistema Agustiniano hay un constante recurso a Dios presente en el interior del hombre y término de la historia. La existencia de Dios es exigencia de todo su pensamiento. No es necesario demostrarla sino descubrirlo en el interior del hombre, este es el único modo de superar las limitaciones y la mutabilidad de las cosas terrenas.

    Este Dios es el creador, No el hacedor de los griegos. La creación no es una constucción sino la formación a partir de la nada de todo lo existente de acuerdo con las ideas eternas.

    La creación es un acto libre de la voluntad divina, es su propio plan. Las cosas fueron hechas no como cosas sino como semillas que se despliegan en el tiempo. Este mundo es un conjunto de seres que tienen diversos grados de perfección, ordenado de acuerdo con los planes divinos. Esta escala de seres es tomada por los renacentistas para entender la continuidad de la naturaleza.

    San Agustín considera que el mal no puede ser objeto de creación divina porque denotaría imperfección, sino una carencia y por lo tanto no es algo realmente existente.

    A esto San Agustín escribe que lo que existe como bien creado es susceptible de corrupción y por lo tanto de alteración, sin embargo, no es cambiar la sustancia sino modificarla y esta modificación es el mal; el cual solamente puede existir como una modificación del bien. Es pues, requisito necesario para que se dé el mal la existencia del bien.

    El mal es algo que se ha introducido en el mundo a partir de la aparición del pecado, por tanto el mal es responsabilidad del hombre.

    Debido a todos los planteamientos que hizo San Agustín este es considerado uno de los grandes espíritus de la historia; este se adelantó XV siglos a su tiempo.

    La Escolástica

    Muchos autores la consideran como un desarrollo despues de la filosofía patrística. El cristianismo desde sus inicios tuvo la preocupación de compaginar sus enseñanzas con la filosofía griega.

    La penetración del cristianismo fue cada vez mayor y más fuerte y muchas formulaciones de la filosofía griega sirvieron como base racional explicativas a las ideas cristianas. Esto produjo una reformulación de estas por parte de los autores cristianos a la luz de los datos que aportaba la revelación, al mismo tiempo que una nueva visión del papel de la filosofía.

    La revelación ponía al alcance del hombre la verdad. No se trataba ya de buscar la verdad, sino de hacer razonable la fe. Pero el problema era como entender el servicio de la fe que podía hacer la filosofía. Por eso las relaciones fe-razón es uno de los problemás más caracteristicos y conflictivos de esta época, en las que se adoptan las más variadas ideas.

    En general todos tienden a reconocer la autoridad de los filósofos griegos y por esto predomina el deseo y el esfuerzo de compaginar la verdad filosófica de Aristóteles y la verdad de la Revelación.

    Inicio de la Escolástica

    El comienzo de este movimiento filosófico suele vincularse al llamado “Renacimiento Carolingio”, que inicia en la fecha en que Carlomagno envia carta a los abades y obispos de su reino con el encargo de que construyan escuelas para la formación de los clérigos, en el año 778.

    La caída del Imperio Romano de Occidente provocó la paralización casi absoluta de los estudios filosóficos. Sin embargo, a pesar de esta descomposición del Imperio, se mantienen muchos valores culturales; los nuevos pueblos asimilan las antiguas instituciones romanas. Nunca deja de existir una fuerte admiración por la antigüedad clásica, como se manifiesta en la tarea de recuperación de sus valores culturales. Esta recuperación se logra a lo largo de un lento proceso en el que se van descubriendo obras de autores antiguos de distintos saberes, como Aristóteles y Platón.

    Esta recuperación se hace dentro del espíritu cristiano. En el universo medieval, el predominio de la fe cristiana es absoluto. No se trata de recuperar los autores y el saber clásico sino asimilarlos y conciliarlos con la fe.

    Esta tarea de recuperación y transmisión de la cultura estuvo a cargo de los monastérios. Estos se multiplicaron y se convirtieron en verdaderos feudos dotados de una vasta porción de tierra, la cual cultivaban. San Benito de Nursia, padre del monacato en Occidente, ordenó que en todos los monastérios debía haber una biblioteca y que se cultivaran todas las artes. Muchos de estos textos antiguos se conservan gracias a la labor desempeñada por los monastérios que deseaban conocer y conseguir para su biblioteca las obras más valiosas de los escritores antiguos, tanto Santos Padres como paganos.

    En el siglo VI el Papa San Gregorio Magno envió a monjes benedictinos como misioneros a Inglaterra. Un siglo despues casi todos los reinos anglosajones se habían convertido al cristianismo y habían recibido la cultura latína que los monjes conocían, lo que logró la extensión de la cultura romana.

    El Renacimiento Carolingio permitió la generalización de la nueva cultura. Carlomagno aspiraba a un Imperio que continuara el romano. Al considerarse sucesor de Constantino quiso proteger la Iglesia y se interesó por la formación de los monjes. Deseaba funcionarios cultos que lo ayudaran a administrar el Imperio y eclesiásticos que ayuden en la consolidación de la fe del Imperio.

    Para lograr esto favorece la creación de nuevos monastérios y la constitución de estos en escuelas.

    El monje Alculino del monasterio de York fue el maximo colaborador de Carlomagno y el inspirador de sus proyectos. Este crea el modelo de las escuelas medievales que más tarde se convierten en universidades.

    El Papado, el Imperio y las universidades constituían los tres pilares del sueño de Carlomagno. El resultado de esta concepción es una sociedad jerarquizada casi perfectamente que va desde Dios hasta el último vasallo.

    Crisis de la Escolástica

    Sin embargo, los autores cristianos del siglo XV son menos optimistas respecto a las buenas relaciones y posibilidades fe-razón y consideran como injerencias mutuas los apoyos que decian prestarse.

    Como consecuencia de esto, contribuyen a una visión más autónoma del mundo y a la consideración de este como un campo propio de la investigación racional. La filosofía comienza a ser orientada a problemas más al alcance de las mano que a lo religioso. Asi ponen las bases y se apuntan los caminos que seguirá la Edad Moderna.

    Guillermo de Ockham pone las bases de una filosofía más empírica que contribuye de manera muy importante al nacimiento de la ciencia moderna.

    La escolástica y el tomismo, amparadas en la autoridad universal de la Iglesia Católica, han ejercido una gran influencia en la cultura. Como corriente de pensamiento actualizada llega a nuestros días con la neoescolástica.

    Filosofía Escolástica

    Después de analizar el contexto histórico de la escolástica vamos a entrar en lleno a lo que se conoce como filosofía escolástica.

    La palabra escolástica proviene del latín “schola” que significa escuela. En sus inicios se usaba para designar el saber cultivado en las escuelas medievales y enseñado bajo la dirección de un maestro. Más tarde era usado para designar la matéria enseñada y el método empleado en la enseñanza de esa matéria en las escuelas.

    Esta en su significado etimológico no expresa ninguna corriente de pensamiento específica, sino a la enseñanza que en la Edad Medía se practicaba en las escuelas monacales, episcopales o palatínas. Por esta razón a dicho término hay que añadirle otros calificativos que le den el sentido genérico.

    La Escolástica Cristiana

    La escolástica cristiana no es más que la especulación teológico-filosófica que se cultivó y desarrolló en las escuelas y universidades medievales.

    Todos los sistemás filosóficos cristianos estaban inspirados por el aristotelismo y el agustinismo neoplatónico. Todos nacen y se desarrollan a la sombra de la teología en las escuelas medievales pero van logrando una autonomía en la elaboración de grandes síntesis doctrinales.

    Etapas y Autores más Destacados

    En la filosofía escolástica cristiana se distinguen tres períodos que cubren seis siglos de pensamiento Occidental:

    - Periodo de formación.

    En su primera fase la tarea principal era recopilar textos antiguos, labor realizada por los copistas de los monastérios. Toda la Edad Medía se apoya en textos. El texto no es más que un primer punto de partida que es necesario superar y aplicar a un mayor conocimiento, la Revelación y el texto Sagrado. Así, a partir de los diversos escritos, van surgiendo las primeras sistematizaciones de esta filosofía. Esto se logra en parte con Escoto de Eriugena y sobre todo con San Anselmo de Canterbury en el siglo XII. Este último es considerado el primer gran filósofo de la Edad Medía. Hay dos frases que sintetizan la tradición escolástica que este dejó a los teólogos y a la Iglesia: “la fe que busca el conocimiento” y “creo para conocer” que ya había sido promulgada por San Agustín. Este trata de incorporar la razón al estudio de la teología pero sin hacer de la razón un fin en sí misma, sino como instrumento de la fe. Escribió libros en los que intentaba demostrar la existencia de Dios. Su formulación en síntesis es la siguiente:

    Todos los hombres, aun aquel que dice no hay Dios, toman a Dios como un ser por encima del cual no se puede imaginar nada mayor, más perfecto. Luego tal ser existe al menos en nuestro pensamiento. Ahora bien, debe existir tambien en la realidad, porque de no ser así, cabría imaginar otro ser mayor que el que hemos pensado, y entonces incurriríamos en contradicción puesto que ya no sería el más perfecto que cabe pensar porque le faltaría el existir real que es una perfección mayor que el no existir. Expresado de esta forma el razonamiento concluye:

    Existe, por tanto, realmente un ser por encima del cual no podemos levantar otro, y de tal manera que no se le puede siquiera pensar como no existente, este ser eres tú, ¡Oh Dios nuestro!.

    Esta fue rechazada posteriormente por Santo Tomás de Aquino. Tambien escribió la síntesis de la doctrina teológica y otra sobre las teorías aristotélicas.

    Durante el sigloXII se realizan grandes síntesis doctrinales. Durante este siglo tambien sobresale Pedro Abelardo, quien es considerado el creador del método escolástico y partidario al uso de la díaléctica. Su pensamiento filosófico es básico en la história del nominalismo. El nominalismo representa en la Edad Medía las tendencias empíricas del espíritu humano. Este formula que los conceptos universales son representaciones vacias, sin contenido real. Lo único que existe son los seres o las cosas individuales y los nombres creados por el hombre para designar objetos, que guardan semejanzas entre sí. Esto promulga que no hay pensamiento puro, sino sólo representaciones sensibles de lo individual.

    Abelardo intenta resolver el problema del conocer universal, armonizando el respeto a lo singular y a la convicción de que la universalidad se vincula al lenguaje. Este niega la realidad sustancial común, pero admite que la manera de ser de las cosas da pie a las ideas universales que se refieren a ellas.

    Su propósito era hacer de la teología una ciencia, cuyo objetivo fuese la maxima aproximación a la inteligibilización del dato revelado. Este situa a la fe en el punto de arranque de su teología.

    -Periodo de Apogeo

    El siglo XIII es considerado como el momento de madurez de la filosofía escolástica. Se caracteriza por las grandes síntesis doctrinales teológico-filosóficas.

    En este periodo sobresalen San Alberto Magno Y Santo Tomás de Aquino. San Alberto Magno quien fue el maestro de Santo Tomás de Aquino el llamado “Doctor Universalis” porque toca casi todas las ramas del saber de su tiempo. Su maximo logro consite en haber distinguido los dos planos metodológicos distintos por los que discurren el conocimiento científico-filosófico y teológico.

    Santo Tomás de Aquino comenzó a estudiar a Aristóteles lo que le llevó a la conclusión de que la incompatibilidad que se mantenía entre la filosofía aristotélica y la fe cristiana eran falsas. Estas conclusiones le proporcionaron un gran prestigio al lograr unir a Aristóteles con la fe cristiana gracias a la agudeza y un amplio sentido intelectal. Él es el creador del sistema filosófico cristiano que más ha influido en la cultura del Occidente y el autor más importante en la enseñanza académica de la Iglesia y en el amplio ámbito de influencia de la misma.

    Santo Tomás se muestra abiertamente partidario de la autonomía de la razón en aquello que le es propio. Afirma la capacidad del hombre para captar el universo y sus leyes. Pero esto no significa que haya dos verdades como formulaban los averroistas, sino una única verdad a la que se puede acceder por caminos distintos pero convergentes.

    Según él el objetivo final de todo conocimiento es Dios. A este llegamos mediante la revelación, pero tambien puede ser conocido mediante la razón. La capacidad de conocer el universo limitado y finito no es compatible con la existencia de una mente infinita, sino exponente y resultado de ésta, como lo es el efecto respecto de la causa.

    De ahí deduce la imposibilidad de la doble verdad y encuentra el critério para resolver los posibles conflictos entre las conclusiones a las que llegue la razón y lo que enseña la revelación. Él afirma que el mensaje de la revelación es inteligible porque se dirige al hombre y esta inteligibilidad es diferente según las verdades de que se trate:

  • Unas verdades son inteligibles y demostrables racionalmente, de tal manera que pueden ser conocidas aun sin revelación.

  • Otras en cambio, siendo inteligibles no son demostrables y, por tanto, no son cognosibles naturalmete sino solo mediante la revelación: en estos casos la teología se esfuerza por probar su inteligibilidad, que solo resulta totalmente comprensible para la mente de Dios.

  • Este expresa claramente su opinión de la siguiente manera: respecto de Dios hay verdades que, por ser Dios como es, escapan a la posibilidad de nuestro conocimiento. Y tambien añade que: el maximo conocimiento de una cosa es el conocimiento de lo que la constituye. Esto supuesto, el entendimiento humano no puede alcanzar este conocimiento respecto de Dios. A partir de las cosas sensibles puede llegar a conocer que Dios existe pero no a conocerlo en plenitud.

    Según Santo Tomás, de no ser por la ayuda de la revelación:

  • Serían muy pocos los que conocerían a Dios, unos por natural incapacidad, otros por estar ocupados en asuntos familiares o económicos, otros por pereza para adquirir conocimientos necesarios previos.

  • Aún esos pocos lo harian con dificultad y tras mucho tiempo por la inadecuación de nuestro entendimiento para verdades tan profundas y por la necesidad de una inquietud que no se tiene en la juventud y solo se adquiere tras los años.

  • Por las mismás razones muchos encontrarían dudosas verdades claramente demostradas al no conocer la fuerza de la demostración o sentir desconcierto de que los mismos sabios enseñen verdades contrarias.

  • En su libro Suma contra Gentiles resumidamenteel dice que: la fe facilita el conocimiento de verdades asequibles a la razón. Tambien expresa que: algunas verdades de fe superan la capacidad del conocimiento humano. Pero eso no significa que las verdades de razones sean contrarias.

    El Universo Tomista

    La afirmación cristiana de que Dios ha creado todo lo que existe tuvo una gran repercusión en la filosofía al introducir la relación creador-criatura.

    Radicalidad del hecho de la creación:

    Afirma que no es posible utilizar el término ser referido unívocamente a Dios y a las criaturas. Dios es el Ser. Los demás son seres creados por Dios en un acto libre de su voluntad.

    La Distinción entre esencia y existencia:

    Este concluye que en los seres creados se puede distinguir la esencia, lo que as cosas son, lo que las define, y la exitencia, la perfección que hace que las cosas sean, existan. La actualización de su esencia.

    Jerarquización de los seres:

    Afirma que todos los seres corpóreos estan constituidos de materia y forma. Pero existen otros seres o realidades que solo son forma, estas son las sutancias separadas. Este dice que tambien existe una gradación entre los seres constituidos por solo forma, según esten más o menos proximos al acto puro. El criterio de distinción que usa en este caso es el de la composición acto-potencia.

    Santo Tomás se preocupa por la sistematización y exposición de la doctrina cristiana sobre Dios. Según él, la existencia de Dios es el primer dato de la revelación, por esto lo toma como punto de arranque y vertebración de todo su sitema teológico-filosófico.

    Este rechaza el llamado “Argumento Ontológico” de San Anselmo de Canterbury y como contrapartida elabora las llamadas vías de demostración para llegar de las cosas sensibles a la existencia de Dios.

    Las pruebas de la existencia de Dios o las vías tomistas constituyen lo más caracteristico de la teología natural del tomismo.

    Primera vía: del movimiento.

    La existencia del movimiento y del cambio exige que, además de motores intermedios, haya un primer impulsor del movimiento.

    Segunda vía: de la casualidad eficiente

    En el mundo, los seres y las cosas se suceden unas a otras en un proceso de causa-efecto, de tal manera que ninguno es la causa de sí mismo, Se hacw necesaria la existencia de una causa incausada que no sea efecto de ninguna otra.

    Tercera vía: contingencia de los seres

    Los seres aparecen y perecen: ninguno posee como propia la existencia. Es preciso un ser necesario cuya existencia dependa de él mismo.

    Cuarta vía: grados de perfección

    Es un hecho que las cosas poseen perfecciones en mayor o menor grado. Esto exige la existencia de una realidad máxima de perfección que sirva de referencia y explique la existencia de perfecciones parciales, a la manera como el todo explica la existencia de las partes.

    Quinta vía: del orden cósmico

    Todos los seres de la naturaleza parecen seguir una sabia finalidad, incluso aquellos que carecen de inteligencia. Esto arguye claramente a favor de la existencia de una inteligencia suprema directora de todo el proceso.

    Naturaleza de Dios

    Al decir que Dios es el existir puro, Santo Tomás afirma que Dios el la plenitud absoluta. Este afirma que es patente la dificultad de expresarnos repecto del tal Ser con un lenguaje limitado como el nuestro.

    Una primera vía para acercarnos es la vía de negación: se trata de separar de Dios todo lo que no puede pertenecerle. Llegamos así, a afirmarlo como inmóvil, inmutable, acto puro. Una segunda vía es la analogía: nos lleva a afirmar en él todas las perfecciones que observamos en las criaturas, lo afirmamos respectode Dios pero elevandolo al grado de infinitud. Según Santo Tomás: Dios posee en sí todas las perfecciones que tienen los seres y además, en grado sumo. Nuestra limitación nos hace concebir estas perfecciones como separadas de su esencia, cuando en realidad, son la manifestación de la única perfección de un ser.

    Propiedades del Alma

    Santo Tomás recoge la idea aristotélica de alma como vida o principio de automovimiento. Esto lo lleva a deducir la existencia del alma y la particularidad de la misma. El proceso de entender es concebido por él como un roceso desmaterializador por el que elentendimiento llega a leer dentro y captar, superando lo corpóreo indvidual.

    En ese mismo proceso se irá derivando las demás propiedades:

    a) Substancia inmaterial con posibilidad de actividad propia y de existencia independiente del cuerpo, por cinsiguiente

    b) Inmortal, que sobrevive al cuerpo, como consecuencia de lo anterior.

    c) Unica, este defiende la unicidad del alma del hombre y la carencia de partes.

    d) Creada. Cada alma individual es obra de Dios, según un plan tratado por él desde el principio. Descarta la preexistencia, el traduccianismo y el generacionalismo.

    e) Dotada de entendimiento y voluntad. El alma racional tiene facultades que les son propias, el entendimiento y la voluntad. Estas no estan localizadas en ningun órgano del cuerpo.

    Durante este periodo tambien sobresalió Duns Scoto. Uno de los problemas más abordados por este es el de las relaciones entre Filosofía y Teología, las cuales separa radicalmente. Limita al campo filosófico solo las cuestiones demostrables estrictamente de un modo racional, devolviendo a la teología todas las verdades reveladas. Tambien intenta demostrar mediante la dialéctica la existencia de Dios, ser infinito, partiendo de la posibilidad necesaria del primer ser, de la que pasa a probar su existencia real. Su ética se basa en la primacía de la voluntad. Su doctrina se fundamenta en el ente infinito, que es esencialmente amor y caridad.

    Según él la teología es una ciencia práctica de la salvación, del amor y de la verdad.

    -Periodo de Crisis o Decadencia

    Más que un periodo de crisis o decadencia este fue una etapa de revisión. La teología no debe buscar su apoyo en la filosofía, no necesita ser justificada; ella misma tiene sus propios apoyos.

    Durante este periodo los más sobresalientes fueron Guillermo fe Ockham, Eckhart, Hugo y San Victor.

    -Filosofía Oriental

    Esta tuvo como sus máximos representantes a Avicena, Averroes y Maimónides. Los dos primeros pertenecen a Arabia, en cambio, el último pertenece a Hebrea.

    Avicena es uno de los principales representantes del pensamiento filosófico árabe oriental. Él plantea que al mundo como un único efecto emanado por Dios eterno, del que procede la primera y la más alta de todas las inteligencias. A partir de ella emanan una tras otra las inteligencias, cada una menor a la procedente y qe son las motoras de las esferas, las cuales rigen el mundo hasta en sus detalles menores. Así pues, Dios no se ocupa de lo singular sino de lo universal. En sus estudios del alma distingue cinco sentidos internos y cinco externos y clasifica el alma en sensitivas, angélicas, vegetativas y divinas. La base de su filosofía es el ser, cuyo concepto llegamos por abstracción de las cosas sensibles, análisis e intuición.

    Avicena influye en la escolástica con: las pruebas de la existencia de Dios, la noción de participación, el hilemorfismo, el princípio de individuación, la formación de conceptos, entre otras.

    Averroes es una de las figuras de la Filosofía hispano-árabe. Él postuló el magisterio de la razón, independientemente de lod postulados teológicos y una ciencia separada de apriorismos no científicos. Para este solamente es inmortal el alma única de la humanidad. Tambien la matéria es eterna y contiene en sí un sinnumero de disposiciones y formas.

    Maimónides puede ser considerado como el más célebre filósofo judío del medievo. Se basa en Aristóteles para probar la existencia de Dios mediante los argumentos del motor, del ser necesario y de la causa primera, resumida en 25 proposiciones que son necesarias para probar que Dios existe y que Dios no es cuerpo ni una fuerza sensible y que es único. Este se opone a Aristóteles en cuanto considera la creación del mundo en el tiempo para lo cual no se basa en la filosofía, sino en la fe y en la revelación. Por último distingue en el hombre un intelecto pasivo, único para todos y otro agente, individual, cuyo desarrollo depende de cada uno.